Sentí tus azules ojos con una intensidad infinita en mi mirada
Tu boca entreabierta esbozaba una dulce sonrisa.
Tu cuerpo menudo en las sombras de una habitación silente.
Dilecto cómplice de dos almas que cruzan quedo la palabra alada,
pasado que fue, recuerdos ahora; huella, en el tiempo, indecisa,
que no por serlo, Emilio, eras de tanta vida complaciente.
Recostaba la cabeza, sin perderte, sintiendo dentro la alborada
de tu palabra, actitud, respeto y tolerante, envuelto en la brisa
de tanto sufrido, vivir, amar, saber, y saber estar prudente.
(A Emilio, padre y amigo)

Muchas gracias, me emocionan las palabras y el recuerdo
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