martes, 16 de septiembre de 2014


 
 
 
LUCES Y SOMBRAS, ASÍ SE DENOMINA MI BLOG

Relatará lo que trasciende más allá de la vida y de la muerte, según mis experiencias personales con miles de ancianos en mi vida profesional. Será un espacio de debate, la apertura de un consultorio, abrir un coloquio, dialogo, conversación de expertos, un intercambio de ideas, un monólogo, algo para sentirme bien pero que tratará, asimismo, de dar respuesta y consuelo al que lo demande.  

Las luces y las sombras han sido un referente en mi vida. La vida y la muerte fue una constante que transcendió de lo profesional a lo personal. Y eso ocurrió durante 15 de los 38 años de mi vida laboral al servicio del Estado. Aunque los 23 años restantes también estuvieran dedicados directa o indirectamente a la creación de programas y posteriores servicios a la sociedad, bienestar social y, al final, mejor conocimiento humano profundizando en él.

Madrid, Aragón y Castilla La Mancha constituyeron mi destino como Director de una experiencia social inédita anteriormente.

Fui Director de las tres primeras Residencias de Pensionistas de la Seguridad Social que el Ministerio de Trabajo, siendo ministro Licinio de la Fuente, instauró en España, dentro de una Plan Nacional Gerontológico, que vinieron a romper la idea concebida de Asilos y Establecimientos Religiosos dedicados a los ancianos con escasos recursos económicos, que ya venían funcionando desde décadas.

Estas Residencias de Ancianos (el Plan, en principio, recogía una por cada Provincia), nacieron en 1972, y estaban tuteladas, primero, por las denominadas Mutualidades Laborales, y, posteriormente por el Instituto Nacional de Previsión.

Yo, acababa de terminar mi carrera de Derecho en la Complutense de Madrid.
Recién acabado mi Servicio Militar. 
Y no sabía lo que el destino me deparaba, tras unas pruebas en el Servicio Social de la Tercera Edad.

 
Empecé en Madrid, en la llamada Residencia de Pensionistas del Gran San Blas. Después un gran periplo.
Y me encontré con un montón de abuelos. Un montón. Fueron los primeros que forjarían mi carácter y mi forma de ser y pensar. Transformaron mi existencia. La enriquecieron. La endurecieron. La dulcificaron. Me hicieron ser real. Al final, esos quince años fueron 5.475 días de dedicación pasiva y activa a mis queridos abuelos, días felices y días de gran amargura, de salud y dolor, aspirando el resto de sus vidas, en un encierro dorado, entre luces y sombras.

Mi experiencia en Centros radicaba en que tenía que vivir 24 horas al día con ellos.
Yo tenía 25 años.

 
De mi libro " LA VIDA EN UN INSTANTE".

“Nunca, nunca me ha asustado la muerte, siempre he pensado que al nacer empezamos a morir, y que es bueno, a veces, en nuestra soledad, reflexionar sobre ello, porque, al fin y al cabo, nacemos y morimos solos, y conviene estar preparados. Yo lo hice  muy de joven, y conseguí acostumbrarme a su cercanía, pensando que, en ella, comprendería la vida más intensamente. Y así fue.

He logrado alcanzar una buena edad, o el destino asi lo ha deparado. Ahora no me causa pena o tristeza pensar que pronto me iré. En un todo, siempre hay un principio y siempre hay un final, y, el mío, está escrito, de antemano, desde mi nacimiento, como el de cualquiera de nosotros, y yo lo asumo con serenidad y esperanza, no dejando de agradecer esta oportunidad tan magnifica de poder verme en un espejo, un día más, y sentirme real.

Pocas lagrimas he vertido, que he vertido, por la muerte de mis abuelos, de mis padres, de mis hermanos, de mis amigos, de mis otros abuelos adoptados a través de mi trabajo profesional…..aunque, dentro de mí, se rasgara el alma. He sido frio ante la muerte, he convivido y he dormido con ella (literalmente hablando) y no me apena echarme en sus brazos para un sueño eterno sin vuelta atrás. Siempre he estado preparado para la muerte, de pequeño hasta ahora. Es una historia larga que ya explicaré. No tengo miedo, podéis estar seguros, ni siquiera en este extremo momento. He descorrido esas cortinas, desde una cama de la UCI de Cardiología y he visto lo que hay: un último rastro de amor y mucha paz; siempre pensando en los míos, rodeado y abrazado por los míos, aunque no estén.

Estoy convencido, fuera de mi libro, de la vida y de la muerte, que esto no termina aquí. Que algo me aguarda, lo presiento incluso ahora. La muerte es algo fugaz y a mí me espera la eternidad. Más de una vez puse en duda mis creencias, y hasta Dios me confesó que no creía en El, pero, en realidad, me estaba probando….”

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